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BOSEOGRAFIA

LA PRIMERA EPOCA WARNER (1985-2000)

En 1986 Miguel Bosé fichó por Warner y sentó las bases de una vía de libre creación artística para la evolución continua de un estilo proprio, para el desarrollo de una carrera discográfica que ha hecho historia en la música occidental contemporánea. En su disco “Bandido”, había descubierto los elementos óptimos, las condiciones necesarias que han de confluir en la producción, en la grabación de un disco de sello Bosé. Fue el genial, el imprevisible, el polifacético musico y productor italiano Roberto Colombo, quién abrió ojos y orejas al artista español, quién le propinó el sentido de toda una “herencia, una escuela liberatoria”.
Este espíritu, nació en “Bandido” y se plasmó en su primer disco Warner, en “Salamandra”.
“Salamandra” no podía ser otra cosa que una continuación de “Bandido”, una apuesta por la modernidad, por unos textos de varios velos (con una clave casi oculta), por unos sonidos vanguardistas, electrónicos, osados, sofisticados. Es un disco de claroscuros, de sonidos exquisitos. Bosé exhibe un alma latina, pero sabe dar una pátina anglosajona que lo enriquece todo. Sin duda, un trabajo por delante de su tiempo.
Miguel, con toda la autonomía, la firmeza, la autoridad que le ha caracterizado desde entonces en cada grabación, eligió a Celso Valli, e inició –desde la solidez propia de quien sabe lo que quiere o al menos cómo buscarlo – una fórmula, una guía de acción que después se ha continuado con productores distintos – Tony Mansfield, Ross Cullum, Greg y Peter Walsh o Chris Cameron, según requerían cada disco, cada momento.
Desde “Salamandra”, título más que expresivo de una figura camaleónica, de un artista que experimenta entre sonidos como el pintor entre colores y sombras, hasta “AMO”, cada uno de los 11 álbumes en estudios ha ido abriendo nuevos caminos al siguiente.
Así, los conceptos, las intenciones, los estudios, los colaboradores, las tecnologías, los estados anímicos han sido variables y, sin embargo, disco a disco la impronta Bosé se ha enriquecido y fortalecido.
El Bosé pintor, explorador, inconformista, perfeccionista, humanista, ha logrado que cada disco Warner tenga su proprio sentido, sus colores, sus emociones, que cada uno suene y conmueva de manera intemporal.
Es más, con el paso de estos años, desterrados prejuicios, manías y fobias, cada uno de los 11 álbumes contiene hallazgos, sonidos y proclamas, verdaderamentes brillantes.
Bosé es un artista rupturista y divertido, sugerente y provocador, único, extraordinario.
Sus discos crecen, maduran entre el vértigo y el gozo, entre el riesgo y el éxito.

“Salamandra” se grabó” en Bologna (Italia).
Celso Valli, un profesional serio, metódico, estudioso, un hombre forjado en las bandas sonoras, sabía perfectamente lo que buscaba Bosé.
Se buscaron y congeniaron…el disco quedó terminado.
El resultado fue sorprendente, de un sonido extrañamente evocador.
Disco críptico, muy barocco. “Salamandra” se anunció con orgullo como una muestra ejemplar de vanguardia musical.
“Atrévete a escucharlo”, rezaba el cartel publicitario.
Musicalmente es complicado encontrar algún referente. Es verdad que en 1986 el movimento de los nuevos románticos había impuesto ese toque electrónico y postmoderno tan sugerente…pero no existen comparaciones evidentes. En cuanto a España, el mismo músico confirma que no le influye nada.
Miguel se movia con toda la generación de Alaska, Radio Futura, Carlos Berlanga, pero “Salamandra” es ajeno a comparaciones. Mucho mejor.
El álbum se inastala en las tiendas y las primeras semanas tiene una ripercusión escasa.
Le cuesta arrancar, como casi sempre ocurre con los trabajos complejos y nada complacientes. Más o menos al año irrumpe con fuerza, y desde México, como ha pasado muchas veces en la carrera de Miguel.

Con “Salamandra”, Miguel Bosé se platea realizar una gira por España, todo un acontecimiento. Como ha quedado dicho, para el artista éste es el segundo disco de su verdadera carrera. ¿Se atrevería a trasladar al directo este planteamiento, interpretaría exclusivamente canciones de sus dos últimos álbumes?

El montaje era muy espectacular, con unas enormes plataformas asimétricas y los músicos encaramados en la cima. Las proyecciones se desarrollaban en clave psicodélica, muy en la línea de unas canciones que iban bastante por delante de su época…hay que mencionar la puesta en escena del proprio Bosé.
Unas veces con chaquetillas, otra dentro de unas ropas samuráis, era la estampa de la modernidad…el publico no falló al artista.
Desaparece la masa femenina y los recintos se llenan de lumen y underground: travestis, homosexuaes, punkis, habitantes de la noche….

Un álbum tan sofisticado necesitaba obligatoriamente un envoltorio a la altura.
Para conseguirlo Bosé contó con una terna de evidentes garantías: el fotógrafo Javier Vallhonrat, el diseñador gráfico Juan Gatti y el estilista Manolo de la Fuente.
Miguel, mirada profunda, enigmática, misteriosa, sensual…el fondo de la fotografía era de color verde o azul…pero Gatti lo pintó en oro, tal vez para conseguir una sensación más sofisticada, acorde con la música…en cuanto al peinado era un corte muy a lo Napoleón…algo así a como un estilo neorromántico.

La respuesta del público en España alcanzó un nuevo record en la carrera de Bosé.
La prensa en Italia, México, Venezuela e España coincidió en que Bosé era un intérprete adelantado a su época, el hombre cuya ideas no se pueden frenar.
“XXX”
fue destierro…grabado en 1987 en Ridge Farm Studio, Inglaterra, con el productor Tony Mansfield, líder del grupo techno New Musik.
De nuevo, Miguel Bosé en busca de otros colores, otros matices, otras sensaciones.
“XXX” es un disco muy sintético, elegantemente sofisticado.
“XXX” acrecentó el éxito discográfico de Bosé.
“Salamandra” se ha ido entendiendo, se ha ido vendiendo más y más.
Evasión, agudeza lírica, juego, pasión, literatura.

“XXX” tuvo pegada y se convirtió en un trabajo enigmático hasta en el título, tres equis que los seguidores del cantante no supieron si interpretar como un grafismo desenfadado para representar los besos o como un misterio perfecto y prolongado.

Puede que la realidad se aproxime más a la segunda hipótesis…Bosé había estrenado hacía poco la condición de treintañero y atraversaba un periodo de creatividad convulsa, casi desbocada. En tales circustancias, “XXX” se convierte en el epilogo perfecto para esa trilogía involuntaria de madurez que integra junto a “Bandido”(1984) y “Salamandra”(1986).
Son tres trabajos con personalidad propia, pero enlazados por esa voluntad de reinventarse que siempre termina evidenziando todo buen camaleón.

Aliado comercial de la buena estrella, Miguel obtuvo con “XXX” unos resultados comerciales aceptables, pero no tan avasalladores como en otras ocasiones, el tiempo le ha sentado muy bien a este trabajo, convertido en disco de culto entre los boseólogos y admirado por toda una generación.

En 1990 Bosé vuelve con Roberto Colombo, su mentor libertario, en la guarida de los estudios de Grignasco (Italia).
Produce el nuevo disco con Enzo Feliciati en los Heaven Estudios de Rimini.
Disco analógico, disco urbano, disco nocturno, oscuro…el caos…la muerte misma.
Y, sin embargo, “Los chicos no lloran” es un álbum tremendamente solar…un disco canalla.
Bosé ya es mucho más que un cantante y liricista. Es un impulso generacional. Un precursor.
El Bosé de “Los chicos no lloran”, que rondaba los trenta y tanto, es un hombre que certamente lo ha visto todo y ha conocido a todo el mundo.
Bosé siempre ha estado en el centro de la explotación comercial, y ha sapido convertir cada uno de los ingredientes del éxito masivo en parte de su talento.
Ésa es la clave de su obra y su máximo llegado.
Que jamás le ha tenido miedo al público, a llegarle directamente y hacerle bailar como él quiere y como ellos sienten que deben ser tratados.
Nadie se mueve en el escenario mejor que él, y sus gestos son una escuela….Todo eso configura esa ambigüedad que con el tiempo es una perfecta defensa.

“Los chicos no lloran” se puede bailar, se puede cantar, se puede susurrar…
“Los chicos no lloran” puede que surgiera como un disco de transición en la discografía de Bosè, un puente de cuerdas entre la década de los ochenta, tan significativa para el artista, y los noventa, que se iniciaban con él inmerso en su aventura cinematográ de la mano de Almodóvar, y que llegaría a cotas muy altas en 1994 con su incorporación a “La reina Margot”, una de las superproducciones francesas de la década.
Escuchando hoy día, más que esa transición es un absoluto salto al vacío, precisamente, realizado con disfrute, sí, el gozo que Bosé siempre ha sentido por la música, el ritmo que la prueba hacer muy bailables y también un poco himno de esa época.

Los noventa eran años de sueños rotos, de frivolidad abrasada y un mundo en pleno quebranto. Presente y futuro impregnado de incertidumbre, el planeta a punto de poner el cartel de cerrado por defunción y tambores de guerra en cada equina.
Miguel se enfrenta a una nueva transformación, sin pararse en riesgos, dispuesto a experimentar y comprometerse con una honda conciencia de madurez artística.
Se parte el alma y durante tres años se entrega a la gestión y parto de un disco con toda la bellezza, pureza y dudas del desafio: “Bajo el signo de Caín” resultó el mayor éxito desde “Bandido”.
Y no solo en el ámbito hispanohablante sino también en Europa: Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Suecia, Austria, incluso Reino Unido hasta al punto que el grupo inglés Carmel se quedó prendada con el tema “Si tú no vuelves”, que ellos mismos adaptaron fielmente en su éxito “If you don’t come back”.

Produció el disco con Ross Cullum y Sandy McLelland.

Sonido Bosé, estigma Bosé…la plasmación pletórica de la identitad Bosé e incluso la búsqueda de esa identitad.

Compendio de colores, de matices, de instrumentos, de sonidos. La paleta rica y jovial.
Oriente y Occidente…bajos aéreos, cajones flamencos, violines cósmicos, steel guitar campestre, sintes sencillos llenos de alma, mandolinas, gaitas irlandesas…
Disco humano y humanista. Biología, Ecología, Filantropía, Solidaridad. Una herida abierta y sangrante. La historia del Hombre…el Karma.
En la portada aparece el hombre con la marca en la frente, el hombre arañado por uña de Dios.

Es un disco en el que Miguel aborda una declaració universal de culturas, una vuelta al mundo donde caben sonidos latinos, melodias celtas, influencias indias y orientales, una orquestración de diferentes vértices cardinales unidos a un propósito íntimo de confesión de ideas. La apuesta era elevada, como para chocar con la desconfianza inicial del público, que pronto se rindió a la calidad del produco. Presentaba temas con intención política, con referencias a la guerra de Bosnia, la ecología o hasta los peligros de la fama.
El disco se grabó en Londres a la vez en su versión italiana e inglesa, con los textos escritos de forma especifica para cada idioma, mantenendo la esencia de las canciones originales.
Sobre la naturaleza multilingual del proyecto, Miguel declaraba a Billboard:
“Tenemos que ser mucho más universales, porque la música es sobre todo un lenguaje universal. Por otro lado, la obligación de los músicos y escritores es seguir creando esa espiral de energía que acaba uniendo todas las culturas.”

Nos encontramos con la más potente identitad de Bosé al desnudo.
El ángel de la portada sobre las brasas del inferno. Todos los hallazgos anteriores de su carrera resumidos. Caín, el padre de todos los hombres, marcado por la ira de Dios.
Extraño en el paraíso. Es la catarsis que se eleva desde la última visita a los abismos. Canciones que son signos de un corazón de ida y de vuelta. Un concierto de este mundo que suena desde el castigado este del Edén.

Después de un disco, el de “Bajo el signo de Caín”, Miguel se enfrenta con serenidad a un nuevo reto, “Laberinto” con una sobriedad reflejada ya desde la portada.
La madurez musical alcanzada mucho antes le permite tomarse un respiro en la innovación y decide pasearse por caminos conocidos y dominados, hace ya mucho.
Esa inquieta búsqueda musical que siempre ha sido señal de identidad de Miguel se relaja para dar paso a un disco donde hay una palabra que toma protagonismo: serenidad.

En estas aguas naviga Miguel con comodidad, se mueve con soltura entre los bajos rotundos, los pequeños guiños étnicos, los ritmos contundentes y contenidos, sujetos.
Los temas se suceden sin estridencias, con la complicidad de su voz inconfundible, una voz redonda como la voz del secreto. Sin aristas, carente de trucos y al mismo tiempo haciendo gala de una particular picaresca vocal.

Es un disco concebido a la medida de Miguel, con el concepto de la obra completa donde los temas forman un castello de naipes en perfecto equilibrio, en frágil equilibrio.
Y quizás porque el personaje es hombre de contradicciones decide llamar a su disco “Laberinto”. Las canciones parecen ser callejones conocidos, pasillos familiares, pero una vez que te adentras no te llevan al lugar que tú imaginabas…sí, pero en consunto forman un bello jardín sonoro, un cuidado parque con sus colores y olores diferentes pero uniformados de Miguel.

El juego de palabras con los títulos de las canciones, el misterio de sus palabras, la ingenuidad fingida, sospechosa, irriverente es Miguel en estado puro.
El título de este disco es un título con trampa ya que la luz se adivina al final desde el momento en que te asomas a las puertas de este laberinto.

En 1995 apareció la primera edición de “Laberinto”. En la portada Bosé, sentado con mirada estoica, parece imperturbable entre los doce brazos apéndice a su espalda.
De nuevo Bosé con Cullum y McLelland.

“Para mí, y sé que es el gran desconocido de mi discográfia, es mucho más bello y más potente que “Bajo el signo de Caín”. Di un paso más allá. Lo necesitaba. Un sonido más certero, más premeditado. Un álbum muy para escuchar con intimismo, para disfrutar sin prisas, con detenimiento…nada radiofónico. Tengo un amor enorme por este disco.
Iñigo Zabala
, ex de La Unión, y en ese momento director de la Warner, pensaba lo mismo sobre “Laberinto”. Le parecía buenísimo y se negaba a dejar que pasara desapercibido.
Y me dijo: -¿Te acuerdas de ese tema que para mí es un temazo y que siempre te niegas a grabarlo y que yo siempre te he pedido diciendo: un single, sólo te pido un single?
Grabamos “Este mundo va” con otros dos temas en una sesión acústica para la SER y se hizo número uno. Zapatazo. El disco se relanzó con portada nueva, una foto de primer plano en b/n, para que el público pensara que se trataba de algo nuevo.
Funcionó. ¡Vaya si funcionó! Una vez más, Iñigo tenía razón. Una vez más.”

Miguel se quedó con la sensación de que su “Laberinto” mimado había funcionado por “La autoradio” y por “Este mundo va”, que la gente lo compró por esos dos singles, pero que no terminó de entrar en la belleza que tiene el álbum.
El disco íntimo e incomprendido de un hombre al borde de los 40. El éxito esquivo.
La trayectoria comercial de “Laberinto” fue irregular, como queda dicho…sería injusto pensar que “Laberinto” fracasó (o no triunfó como su firmante acostumbrada) porque a Bosé le coincidía con un momento frenético de actividad. La agenda este este hombre ha sido siempre, en realidad, un calendario en permanente ebullición, un hervidero de fechas ingobernable…Aún coleaba por entonces su debut como director de escena con “Los bosques de Nyx”, un retrato alegórico de 12 mujeres escrito por Javier Tomeo –a partir de clásicos de Sófocles, Esquilo y Eurípides. Además de eso, su carrera cinematográfica se había enriquecido con “Enciende mi pasión” – una cinta de José Ganga, “Libertarias” de Vicente Aranda y, sobre todo, con “Felpudo maldito”, una película de Josiane Balasko.
Cine, sí, teatro, recitado, sempre y cuando y como, también. Y la televisión. Y la música.

La tele y la música. ¿Por qué no? Una cuenta pendiente….y en la tele Miguel. Sencillo. Un presentador convoca a varios artistas, ciarla con ellos y ellos caminan del set de entrevistas al escenario sin tarima animados a interpretar sus canciones con el mejor sonido, sin trampa ni cartón, ahí, en vivo, aclamados por un público entregado. Y unos colaboran con otros, estrellas o artistas sin más. Se reconocen y se hermanan…espléndido.
Miguel quiere hacerlo, con todos los honoris, con los mejores compañeros del sonido y de la imagen, de la realización y de la iluminación, de la puesta en escena, de la contratación, del consejo y del guión. Figuras y revelaciones. Madonna y Quique Gonzáles. Mitos y extraviados. Rocío Jurado y Enrique Urquijo. E innovando, persiguiendo las traversuras de la steadycam entre luces nuevas y focos, colores amables. Azules, blancos. Elegancia.

El futuro de Bosé seguía llamándose música. Y en la Primera de RTVE, “Séptimo de Caballeria”, nombre adecuado a la idea, a la urgencia ya naciente de rescatar del asedio a la música, que desde entonces no ha dejado de resistir, de sobrevivir maltratada por los medios de mayor comunicación, más allá del mensaje interesado de crisis de la industria musical, multinacional, global o como se prefiera.
“Séptimo de Caballeria” ganó todos los premios del mundo, entre otros en España. Premios de la Música, Ondas y, años después, el reconocimiento y la morriña unánime de seguidores y detractores en su momento. Se aprecia más algo cuando se pierde.

La música, el disco. Bosé, dedicado en cuerpo y alma al proyecto televisivo, carente de tiempo para componer o buscar nuevas canciones y se propone grabar un álbum de versiones, de canciones favoritas.
“Once maneras de ponerse un sombrero” (1998), la Perla en la discografía de Bosé, un muy inesperado álbum de versiones, algunas de ellas diametralmente opuesta a los originales. Nada que ver, en cualquier caso, ni con laberintos ni con el hermano de Abél.
De aquella trilogía anunciada nunca más se volvió a saber.
“Originalmente se iba a llamar “Once maneras de quitarse el sombrero” como once maneras de reverenciar canciones y autores que habían hecho mella en la música latina. Hicimos catorce temas, tres de ellos se editaron acompañados a los tres primeros singles”.
Miguel venía de hacer dos discos de abundante esfuerzo creativo y físico más dos giras consecutivas sin pausa. “Era un buen momento para dedicarme a esos proyectos que yo siempre guardaba en la cabeza y que siempre había querido hacer. Se suponía que era idóneo para que pudiera recargarme de ideas, pero la condición sine qua non en mi trayectoria ha sido que todo disco ha de sonar a mí, debe de tener la identitad Bosé.
Y al final resultó ser otro album más, igual de complicado y laborioso que los otros”.
Producido por Greg Walsh, co-producido por Chris Cameron, el álbum de versiones de Bosé viajó por paisajes sonoros latinos únicos tamizados por la factoría Bosé.
Walsh y Cameron se tiraron largas sesiones de preproducción y poco entraron en el ánimo, el fondo de lo latino. Sesiones orquestrales, los metales, los coros líricos, los mariachi…Cinearte y Sintonía en Madrid, Willows Mead, Inglaterra. En efecto, superproducción.
Melodías de Cuba (Silvio Rodriguez, Carlos Varela), Argentina (Fito Páez), Francia (Charles Trenet), Bélgica (Jacques Brel), México (Agústin Lara), España (Aute, Canovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán), surcan sobre sonidos sugerentes, espaciales. Un juego creativo.
Se trataba de hacer volar la imaginación sin desvirtuar el espíritu nacido originalmente de los autores de las canciones. Reinventar clásicos con el destello Bosé.
“Greg Walsh pilló a la perfección mi deseo de situarme como el actor ante el director en un rodaje. Quería que me dirigiera. Mi álbum cinematográfico. Por primera vez me pongo al servicio de una dirección y un guijón ajenos. Yo actor, intérprete- Greg me dijo: – No me interesa tu voz como tal, como cantante. Me interesan las 101 voces que tenga tu garganta y que ha de sacar el actor en cada situación de cada canción. –“
En las mezclas, naturalmente, retomó los mandos. Maneras Bosé.

The Source by: Warner Music/El País
Header photo: Diego Uchitel
Photos slide: Paco Navarro (1990)
and Septimo de Caballeria
Other photos:  Personal Library and Internet

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