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BOSEOGRAFIA

LA MADUREZ DEL NUEVO MILENIO (2000-2010)

Bosé venía de diez años convulsos y confusos, de probar casi todas las inquietudes artísticas, dirigir obras de teatro, presentar programas de televisión, aventurarse en la industria alimentaria y hostelera, prestado su voz y presencia a campañas políticas del PSOE. Y encima de todo eso, superando un pavoroso accidente de tránsito que le obligó a quedarse en casa, jamás inmóvil, durante muchos meses.

Después de atraversar los 40 años con “Laberinto” y “Once maneras de ponerse un sombrero”, Bosé se enfrentaba a resultar demasiado adulto para su público, que también avanzaba en la misma dirección, con la única diferencia de que su vida continuaba siendo apasionante, vertiginosa, siempre ocupada.
Vivía en su casa rodendo de un ejército especial de mujeres sobreprotectoras, en el fondo maravilladas de tenerle domado. Con todo decidió embarcarse en una gira estenuante junto a Ana Torroja, editar un álbum recopilatorio, “Girados”.

El siguiente disco “Sereno”, recibió el Grammy al mejor álbum. Y Miguel lo grabó sin salir de su casa de Madrid.
“Sereno es mi casa. Yo, en pijama, y mis mil y una grabaciones, cintas aquí y allá. Yo, en pijama, cantando, grabando, con Antonio Cortés a la guitarra o al piano, con toda la casa cableada, con los perros ladrando, el teléfono sonando, los pajaritos piando, las chicharras en la noche…que está todo registrado. En fin un disco orgánico. Poco añadimos a lo que stuvimos grabando Antonio y yo. Antonio hubo de digitalizar un mare-magno de cintas melodías, de cintas ideas, porque era la primera vez desde “XXX” que no había hecho el labor previa de componer los puzzle quel lamo yo junto a los músicos italianos habituales.
Antonio y yo trabajábamos 16 horas diarias. Una creatividad incesante hasta que Antonio me paró y me dijo: – Tenemos ya 19 temas y creo que nos tendríamos que concentrar ya en el material que hay-. Elegimos 11 y el resto están ahí”.
Miguel había roto con un sistema de trabajo. “Sereno” se cantó, se tocó, se grabó, por tanto, en Somosaguas, y se mezcló en Sintonía.
“Sereno” es el disco personal e intrasferible. Bosé se suelta verso tras verso como si se tratase de la escritura automática de los surrealistas de André Breton.
“No sé cuándo empezó la cosa…pero en algún momento ya empecé a expresarme con claridad y nadie me dice ya eso de…¡qué bonita es la letra, pero qué quiere decir! Sé que la fuerza de mis letras siempre la han recibido. La intensidad de las historias siempre les ha llegado.
Lo sé porque en los conciertos la respuesta es muy grande.
Es como cuando no entiendes un cuadro, te pones delante y notas un montón de sensaciones que, por otro lado, no hay por qué racionalizar.”
Alejandro Sanz, Alex Gonzáles (batería de Maná), Nacho Mañó (Presuntos IMplicados), ese pedazo de guitarrista Pedro Andrea, Antonio Ketama Carmona, Sergio Castillo, James McNally, Carlos Jean en mezclas especiales, y una plantilla muy numerosa pasaron ante la producción de Peter Walsh y los arreglos de Chris Cameron.
“Sereno” son buenas vibraciones. Una mirada tierna o cruda, pícara o sensual, pero siempre positiva al amor, a la infancia, al placer; y juegos muchos juegos de imágenes, de palabras, de sugerencias. Colores vivos, intensos, colores de capa para la faena.

Había muchos Bosés por descubrir en el siglo XXI. Ese Bosé reinventado, indiscutible, autorrevolucionado…”la música en el cine lo resuscita todo, hasta lo más íntimo, porque la capacidad de la música de refrescar la memoria de hechos y sentimientos es asombrosa”, en palabras del propio Miguel. Polifacético Bosé hablaba de cine y música, recibía guiones y alguna propuesta de realizar cine, pero insistió hasta convencerse a sí mismo que prefería seguir haciendo música, predilección sabia y agradecida porque ninguna como la música entre sus facetas artísticas le había reparado y le repara con creces tan satisfactoriamente.
Incluso su pasión por la ópera, por su escenografía y técnicas propias, clásicas, de representación. Poesía, interpretación, dirección artística, pintura, composición, todo conjnto, hermanado, podría hallar su cauce idóneo en la música, en las canciones de su nuevo proyecto.
“Por vos muero” iba a convocar ideas y emociones, imágenes de campos varios. Lo pensó entonces y lo explicó una vez acabado el disco, en los días previos a su publicación en abril 2004: “Como la música subraya las emociones de paisajes, diálogos, de las secuencias en el cine, así he querido proyectar una pantalla sonora al fondo de cada canción, de cada historia, dotar de sonoridad cinematográfica a cada uno de los diez argumentos o guiones que contiene este disco”.
¿Ambicioso o pretencioso? El álbum “Por vos muero” no es natural ni espontáneo como tampoco el proprio Bosé.
Habian pedido a Miguel entrevistar a Nacho Duato. Miguel quería documentarse y se puso a revisar la biografía “Por vos muero” que han escrito sobre su amigo Duato. (Este título era también el de un espectáculo que hicieron juntos Nacho, la coreografía, Alberto Iglesias, la música, y Bosé, el recitado de poemas de Garcilasco de la Vega).
Miguel leía la biografía y estaba sonando el Concierto número 5 de Beethoven, el concierto Emperador para piano y orquesta del pianista canadiense Glenn Gould. Y cuando Miguel llegó a leer el soneto “Por vos muero”, de repente arrancó el segundo movimiento y ahí empezó a leer los versos de los dos últimos tercetos del soneto de Garcilasco: “Yo no nací sino para quereros…Por vos muero”. Y texto y música se tiraron los tejos en la ispiración de Miguel.
Chris Cameron, Simon Hale o Nicolás Sorín hacen de Bernstein o de Williams al frende de una Coral Metro Voices Choir o de una London Session Orquestra en busca del efecto sonoro panorámico en cada canción. Pretencioso o no, barroco, reflexivo, oscuro, el disco está cantado con humildad y medida, sin melismas o cacareos inútiles, y arreglados sin trucos o efectos especiales.
“Velvetina” ha sido el álbum menos vendido en toda la carrera de Bosé: “Es un álbum abstracto, en absoluto comercial, de culto”, reconoce su creador, “pero poco a poco se va descubriendo. No fue un gran éxito de mercado en principio, pero las ventas en el tiempo van goteando con cuidado. Estoy convencido de que se acabará por conocer y reconocer”.
“Velvetina” apereció 21 años después de “Bandido”, el disco que marcó el primer cambio radical de Bosé. Pues bien, si “Bandido” supuso el primer giro de ciento ochenta grados de Bosé, “Velvetina” supone el nuevo equivalente a “Bandido”, en el sentido de que se trata de un nuevo cambio radical.
“Para Velvetina, Antonio Cortés y yo, hicimos melodías y estructuras de canciones que no tenían nada que ver con mi pasado, que no recordaban nada que hubiese hecho.
Velvetina supone un punto de inflexión en mi música, y marca, en adelante, el camino que quiero seguir. Esto ya me ha pasado varias veces en mi vida, decirme a mí mismo que aquí acaba una etapa y empieza otra”, confirma Bosé. “Velvetina es una apuesta muy especial.
No se trata de retirarme de la música, sino de afrontarla de otra manera, de cerrar un ciclo, y abrir otro. El que inaugura Velvetina, no trata solo de un ciclo musical, sino también vital, cuya eclosión ha ido larvándose poco a poco.”
“Velvetina” se presentó un año después del álbum “Por vos muero”, el proyecto pop en clave sinfónica con coral incluida. Pero los dos trabajos nacieron en paralelo, con la idea de que salieran juntos al mercado al mismo tiempo.
“De un lado, con el “Por vos muero” quería mostrar mis raíces clásicas, de lo que vengo, fabricando bandas sonoras a favor de canciones pop no escritas por mí y que me esperaron en el tiempo. Y por otra parte con “Velvetina”, anunciar el futuro, el camino hacia el que me quería dirigir. Pero la realidad del mercado impidió que sucediese el sueño de que ambos discos se pusieran a la venta a la vez”.
Añade Miguel que por encima de la idea original, en la decisión de la discográfica Warner de no de publicar juntos los dos proyectos, pesó el hecho de que single lanzar, ¿el clásico o el contemporáneo? y en la confusión que hubiese potido acarrear. Fueron argumentos muy sólidos, contundentes, definitivos, ya que un primer single tiene el deber y la responsabilidad de contar de qué va un disco, y en este caso, la apuesta era un monstruo de dos cabezas que corrían el riesgo de comerse la una a la otra.
“Velvetina” es, según explica Bosé, un trabajo escrito, compuesto, construido y dado a la luz mano a mano con Antonio Cortés. Y Antonio Cortés es un músico tímido, radical, austero, multiinstrumentista, compositor, madrileño, cómplice, amigo, complementario, con quien trabajó por primera vez en la gira de “Laberinto” y con quien fabricó el proyecto “Sereno”.

“Velvetina fue un disco que hicimos a bajísimo presupuesto ya que “Por vos muero” ya se había comido el dinero destinado a dos proyectos. Pero precisamente ese límite nos permitió muchisíma libertad, nos quitó presión y nos dio la posibilidad de hacer un disco experimental basado solo en el instincto. Antonio fue capaz de sacudirme en lo más profundo, de prococarme a tiempo. Me hizo una propuesta que me puso entre la espada y la pared, tan revolucionaria como mis urgencias, y sucumbí a ella”.

Al hablar de “Velvetina” todo el mundo menciona la electrónica, pero el cantante ha asegurado que “cuando solo se habla de eso, se reduce la naturaleza de su verdadera personalidad, ya que aunque exista una raíz común que es la informática, además de un mundo sintético, existe también un mundo acústico de librerías sónicas”.
“Velvetina” es su apuesta más contundente y radical, que confirma a Miguel Bosé como artista inquieto, camaleónico y siempre presto a reinventarse. El proprio Bosé ha confirmado que en Velvetina hay claras referencias a los alemanes Kraftwerk y, en general, a la música de baile setentera, y se ha confesado devoto seguidor de todo el dance, desde el trance al chill-out. Desde esta pasíon por el eclectismo, Antonio Cortés y Miguel Bosé, apoyados por elementos de sonido de alta resolución, una técnica refinada de composición y un excelente manejo del recurso de la voz (detalle éste último muy importante ya que hasta Velvetina la voz de Bosé había sido carismática pero poco técnica), dieron forma a unas canciones que se mueven entre distintos estilos: trip hop, dance, chill-out, house, drum and bass y algún modernismo sonoro que recuerda poderosamente a Franco Battiato.

“Cuando acabé Velvetina, me di cuenta de que sus temas no tenían espacio en una nueva gira de conciertos típica de Bosé, ya que despés de casi 30 años de carrera, tenía tantos grandes éxitos acumulados ya, que el público no entendia que no los cantase, y que sacrificase muchos de ellos a cambio de los nuevo, no. No cabía tiempo para introducirlos en los conciertos, a menos de hacerlos durar más de tres horas, algo inviable. Así que “Papito” no solo llega para cerrar un ciclo natural de 30 años y celebrar un repertorio que voy a dejar atrás no, no solo, tiene por encima de todo un sentido pragmático, como podréis entender”.
30 años de carrera en los que Miguel puede presumir de haberse convertido, por méritos acumulados y derechos propios, en el sex symbol español por antonomasia, el único que puede presumir de alborotarle las hormonas a hombres y mujeres, a madres y hijas, a intelectuales y poligoneras, a maduros y adolescentes de todas las edades, afinidades, ideologías y credos. Sí, habrá algunos nombres que ahora mismo suenen más…actores, estrellas televisivas, pseudocantantes, pero, ¿cuál de ellos se mantendrá 30 años , no sin perder sino ganando atractivo con cada arruga, con cada cana, con cada año vivido y arado a surcos en la piel? Y Miguel lo ha logrado sin ceder un milímetro el terreno bien guardado y secreto de su vida privada, manteniendo el misterio y la ambigüedad, y sin haber hecho nunca pública ni una sola de sus historias de amor, heroica cuan inverosímil proeza por un mundo que se caracteriza casi tanto por el cotilleo como por la envidia.

¿Sabemos algo de los amoríos de Bosé, de sus preferencias, de sus juegos? No, ni falta que nos hace, porque en la ambigüedad de Bosé, en su cuidada indefinición, radica el secreto de su encanto. Miguel Bosé dice sólo lo que quiere decir y es sumamente inteligente para evadir aquellos temas que le incomodan, que no le interesan, o de los que simplemente no quiere hablar. Pese a todo, sabe cómo embelesar con esa esquiva personalidad, entre la elegancia y la altivez. Vemos en Miguel lo que queremos ser, como pantalla en blanco sobre la que proyectamos nuestras fantasías. En ese sentido, Miguel, como las arcas públicas, es, siempre ha sido y será, de todos y de nadie.

Papito ha sido el trabajo más duro, el más difícil, y seguramente el más delicado de toda mi vida. Tanto que estuve a punto de tirar la toalla un par de veces, desesperado. Pero, mi carácter me impide dejar a mitad, o aun cuarto de camino, lo que una vez decido empezar. Tres veces dije que no cuando se me propuso este proyecto. Pero tengo la suerte de estar rodeado de una raza de gente que me insiste, y que sabe mejor que yo lo que más me conviene en los momentos claves. Esa misma que, inconsciente, apuesta por mí si intuye que lo que más conviene es equivocarme. Así que decidí ceder a lo bueno que para mí ellos quisieron a pesar mío. Total, que al final, acabé por cerrar este proyecto, tras miles de kilómetros de paciencia y de viajes. Y sólo Dios sabe que jamás adiviné sus consecuencias. Pero si algo me empujó a llevarlo a buen fin fueron sobre todo dos cosas. Una, las oberbia rabia de mi coherencia, y dos, el entusiamso de Paco Pérez, el único visionario en verdad desde el principio de esta absurda aventura…fue un proceso enorme.
Fue un trabajo en cuadriga, porque trabajaba con cuatro – Nicolás Sorin, Sandy McLelland, Andrés Levin y Carlos Jean -, cada uno sin tener información de lo que había hecho el otro: el único que conocia todo el proceso era yo, bueno, y Pepo Shermanque es mi brazo derecho. Y todo bajo el sonido de Andy Bradfield, que costó, porque era el primer proyecto latino en el que entraba.

“Papito” es la celebración de 30 años de carrera, es esa fiesta que por supuesto a mí no se me ocurre dar, porque yo celebrar, cero, nada, lo meno posible, pero que se hace necesaria sobre todo por agradecimiento: 30 años es un peso pesado, hay mucha gente que ha sido coprotagonista de todo esto. He tenido una carrera muy atípica, dividida en dose tapas: por una parte, una que es pre-Bosé, aunque es Bosé también; y la otra, a partir de “Bandido”, donde la nace la autoría, el lenguaje…A partir de ese momento empieza una carrera de constante apuestas, donde la gente se ha tenido que tirar al vacío conmigo y lo ha hecho proyecto tras proyecto de forma absolutamente voluntaria, convencida y, por supuesto, con una complicidad brutal.
Por eso creo que había llegado el momento justo para celebrarlo”.

Fuentes: Warner Music/El País

Miguel Bosé Tribute
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